Nov 03, 2008
| Food sovereignty
"Ojo, la globalización entra por la boca". Tatiana Roa
"Ojo, la globalización entra por la boca".
Conversatorio: Construyendo Soberanía Alimentaria
8 de Agosto de 2008. Rosario, Argentina
Tatiana Roa- Censat- Amigos de la Tierra- Colombia
Quiero
empezar esta conversación recordando una historia que oí hace unos
meses a Carlos Rosero, destacado líder del Proceso de Comunidades
Negras de Colombia. Carlos y su abuela vivían en Buenaventura, el más
importante puerto sobre el Pacífico Colombiano. Un buen día, entraron
al primer supermercado de la ciudad porque necesitaban algunas cosas
para el almuerzo. En el recorrido, por el lugar, la abuela encontró que
vendían arroz moreno con cáscara, arroz integral. Observando el precio
y atendiendo a los argumentos para preferir este arroz, ella le dice a
él: “¿Mijo, no entiendo, dónde está el progreso? ¿Está delante o está atrás?” Y él inquieto por sus palabras le contestó “¿Por qué me pregunta eso, abuela?” Y ella le respondió: ‘Hace
unos años nos ofrecieron el arroz blanco y dejamos de comer el arroz
“moreno”, y la cascarilla quedó para los animales. Ahora resulta que lo
que se vende más costoso y como lo mejor es ese arroz que comíamos
nosotros hace varios años”.
Esta reflexión la traigo al caso, porque el tema de la soberanía alimentaria está atravesado por las nociones de progreso y desarrollo.
En fin, con la concepción que tenemos del mundo. Durante muchos años,
los movimientos sociales y de izquierda se han planteado innumerables
retos y luchas. Hoy son concientes, particularmente el movimiento
campesino y otros movimientos ambientales, de que las confrontaciones
deben atender lo que se nos ha impuesto y volver el discurso más que
palabras. Para hablar en concreto, la lucha por la soberanía
alimentaria es actualmente la base de sus demandas. Como en el caso de
la conocida Vía Campesina. Porque como dice la sabiduría Chasídica "...
el mayor conflicto de las sociedades y los seres humanos, es entre el
corazón, el pensamiento, la palabra y la acción, pues somos incapaces
de decir lo que sentimos y pensamos y peor aún, de hacer lo que decimos".
Es
por lo menos injusto desconocer el aporte de las gentes del campo, en
apariencia invisibles. Seres que construyen la vida con grandes
sacrificios, que han trasmitido sus saberes de generación en
generación, desde su sabiduría, desde el saber y la oralidad, ellos y
ellas nos están diciendo que hay que dar un salto y construir la
soberanía alimentaria en el día a día. Carlos, el nieto de la abuela
nos lo dice así: “Ojo, la globalización entra por la
boca”.
Por ello, estar acá, en La Toma,
en Rosario, Argentina, es algo muy simbólico. La Toma, territorio
recuperado por los trabajadores y reconstruido con sus esfuerzos y
sacrificios, es un lugar donde encontramos los productos del campo que
cada semana traen las familias campesinas que se resisten a la
homogenización del campo. Donde el pan se hace con el sentimiento de
saber que primero fue semilla, se transformó en harina y hoy es
alimento. Ustedes son los muchos que rechazan el hecho de que Argentina
sea un motocultivo de soya, nos da esperanza de otros mundos posibles.
Y
quiero juntar esto con otra experiencia que viví recientemente. Hace
unos días, Lorica, un municipio de la Costa Caribe colombiana, fue
escenario del cuarto Encuentro Latinoamericano de Represas, organizado
por la Red Latinoamericana de Lucha contra las Represas, Censat Agua
Viva y Asprocig, que es la Asociación de Productores para el Desarrollo Comunitario de la Ciénaga Grande del Bajo Sinú,
una organización de pescadores y campesinos. En los días del evento,
Asprocig ofreció comidas a las cuatrocientas personas venidas de todo
el continente, solamente con productos campesinos que vienen de sus
espirales ecológicas, con platos autóctonos que se ido perdiendo de la
gastronomía local. Y nos dijeron con orgullo que habían logrado su
gran sueño: “siempre nos imaginamos hacer un encuentro grande, pero lo pensamos haciéndolo con nuestra propia comida”. Ellos, con altivez pero a la vez con humildad, nos decían que “en este encuentro toda la comida que ustedes disfrutarán ha sido producida y será elaborada por nosotros mismos”.
Era la primera vez que hacían un evento tan grande en su territorio, un
evento internacional, latinoamericano, un evento que impactaría no sólo
a su municipio sino a su región luego de nueve años de existencia de
ASPROCIG y donde existe uno de los mercados ecológicos campesinos más
importante del país.
Esto
fue algo que nos sorprendió a quienes estuvimos allá, porque además de
saber que su comida era limpia y producida en los patios de sus casas,
algunos de menos de 300 metros cuadrados, también nos embelesamos con
esa cocina autóctona que generosamente nos brindaron. Tuvimos el gusto
de deleitarnos con platos y recetas que seguramente mucha gente de la
región ya no disfruta y que para nosotros fue el mayor gozo.
Esta
noche de conversatorio entre el movimiento campesino y los otros
movimientos sociales de esta ciudad, cuna del Ché Guevara, lo que nos
enseñan las experiencias que hemos tenido oportunidad de conocer aquí
es que este es el camino a seguir, son estas, rutas de esperanza, las
que construyen hombres y mujeres que no temen meter sus manos en la
tierra, que defienden su territorio, que custodian las semillas
locales, que reproducen su saber mediante la memoria colectiva, la
oralidad y de la práctica cotidiana de “comer lo que ellos mismos
producen”. Es aquí donde está la construcción de la soberanía
alimentaria y la construcción de mundos más justos.
¡Muchas gracias!